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Plazuelas del futuro

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Decía Ortega que «de lo que hoy se empieza a pensar depende lo que mañana se vivirá en las plazuelas.»

Me gusta pensar a partir de frases firmes, útiles y bellas.

Pienso que hoy aspiramos a ser buenas mercancías. «Niño, estudia algo que tenga salida», es la frase más recurrida cuando se habla de orientación sociolaboral. Mañana, con este modo de pensar, en las plazuelas del futuro, abundarán, más incluso que hoy, las personas que odian su empleo pues no encuentran más que precariedad y sufrimiento. O no encontrarán siquiera empleo.

Pienso, que hoy creemos que el bienestar es una consecuenca del consumo de mercancías. Sin dinero no es posible vivir o, mejor dicho, sin mucho dinero. Por el contrario, todo es alcanzable si te lo puedes pagar. Todo tiene un precio. Ese modo de pensar llevará a que mañana, en las plazuelas del futuro, abunden las personas con enfermedades mentales y no mentales provocadas por la abundancia de cosas y la falta de humanidad. Nunca las cosas sustituirán a las personas. La humanidad, como todo lo realmente importante, no tiene precio.

Hoy, podemos comenzar a pensar en dejar de ser mercancías y en explorar nuevas-viejas formas de búsqueda del bienestar. Quizás, así, en las plazuelas del futuro, la sociedad-economía de las mercancías será sustituida por la sociedad-economía de las personas. 

En esas plazuelas viviríamos economías transformadoras.

 

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Es el reparto, estúpido

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Dice la Wikipedia: “’La economía, estúpido’ (the economy, stupid), fue una frase muy utilizada en la política estadounidense durante la campaña electoral de Bill Clinton en 1992 contra George H. W. Bush (padre), que lo llevó a convertirse en presidente de los Estados Unidos. Luego la frase se popularizó como ‘es la economía, estúpido’ y la estructura de la misma ha sido utilizada para destacar los más diversos aspectos que se consideran esenciales.”

Pues en mi opinión, lo destacable no es el crecimiento de la economía, el aumento de lo que se produce, sino cómo se reparte eso que entre todas las personas producimos. Sí, entre todas, aunque la mayor parte se lo lleven precisamente los que menos aportan; sí, los que no trabajan y logran sus ingresos por el simple hecho de especular en el actual capitalismo financiero.

Así, para el caso Andaluz, el PIB por persona en 2005 ascendía a 16.529 euros. Esa cifra en 2011 era de 17.318 euros. En 2017, el PIB por persona asciende a 18.470 euros. (Fuente: https://www.eldiario.es/andalucia/expertos-auguran-ano-recuperacion-PIB_0_768873150.html)

No fueron pocos, ni son pocos, ni serán pocos, los economistas que continúan recetando disminuir el gasto público, las políticas de austeridad, la disciplina presupuestaria. Son los mismos que en cuanto los aires les vengan propicios, volverán a decir aquello de que “vivimos por encima de nuestras posibilidades”.

Sin embargo, como muestran las cifras, en 2011 había más riqueza que en los años anteriores sin «crisis». Incluso hoy no se crean los derechos sociales que se creaban en 2005 con menos producto por habitante. Más bien todo lo contrario, se habla del techo de gasto como una ley implacable que marca la senda de nuevos recortes.

Hay riqueza, hay bienes y servicios suficientes para mejorar la vida de la gente. Lo que no hay es vergüenza para dejar de seguir legitimando los ingresos de unas minorías que apenas aportan al bienestar común. Lo que no hay es el más mínimo atisbo de cambio entre tantos economistas y no economistas, esos “expertos” que continúan mintiendo sobre lo que ocurre, siempre que ello les suponga mejoras profesionales.

La mayoría de la gente no vive por encima de sus posibilidades, sino por debajo. Son justamente las minorías que lo hacen las que pagan a sus voceros para que desde sus púlpitos universitarios, televisivos o panfletarios legitimen la mentira y el despojo.

Porque la cuestión no es el crecimiento económico sino el reparto de esa riqueza. Es el reparto, estúpido.

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Críticas Begarianas: «No, un cuento flamenco»

Autor: Luis Begara.

No. Un Cuento Flamenco

Nueva y última película de Jose Luis Tirado, que años anteriores ya nos mostró su bien hacer y su compromiso político con El Caso Rocío, película que recogía la maldición de nuestro primer cine político andaluz: Rocío, dirigida por Fernando Ruiz Vergara.

Aquí José Luis Tirado nos muestra nuestro mundo flamenco, desde la mirada crítica y social de nuestro entorno más cercano.

Pero OJO estamos ante otro Flamenco.Flamenco, precariedad, compromiso social, no es el Flamenco de los Tablaos.

Es otro Flamenco que apuesta por retornar al dolor y la marginalidad, a los cantes tristes para terminar con una rumba mu sabrosona.

Película sin diálogos entre nuestrxs protagonistas que no sean el baile y el cante.
Una apuesta valiente para, en palabras del director, hacer una ópera flamenca. Montar planos musicales que van desde cuadros de Romero de Torres, a espaguetis bailando en la cazuela, pasando por un número musical espléndido y luminoso con bicicletas.
Bailes y cantes, en las calles, callejas de Sevilla, en el río y en el Mercao. Y un zapateao potente y angustioso subiendo unas escaleras infinitas que llevan a un triste hogar, donde un extraño Canal Sur emite las mismas noticias de muerte y miseria que la televisión gallega o la BBC.

Con decir NO, basta para empezar a vivir con dignidad y para salir por la puerta grande del Mercao de Triana llena de alegría y en compañía de otros NOes.

Del Si obligatorio e individual al NO voluntario, consciente y colectivo.

Nuestra aportación como CineCercano a la Noche Blanca del Flamenco.

Pero OJO estamos ante otro Flamenco.

Flamenco, precariedad, compromiso social, no es el Flamenco de los Tablaos.

Es otro Flamenco que apuesta por retornar al dolor y la marginalidad, a los cantes tristes para terminar con una rumba mu sabrosona.

Película sin diálogos entre nuestrxs protagonistas que no sean el baile y el cante. Una apuesta valiente para, en palabras del director, hacer una ópera flamenca. Montar planos musicales que van desde cuadros de Romero de Torres, a espaguetis bailando en la cazuela,  pasando por un número musical espléndido y luminoso con bicicletas.

Bailes y cantes, en las calles, callejas de Sevilla, en el río y en el Mercao. Y un zapateao potente y angustioso subiendo unas escaleras infinitas que llevan a un triste hogar, donde un extraño Canal Sur emite las mismas noticias de muerte y miseria que la televisión gallega o la BBC.

Con decir NO, basta para empezar a vivir con dignidad y para salir por la puerta grande del Mercao de Triana llena de alegría y en compañía de otros NOes

Del Si obligatorio e individual al NO voluntario, consciente y colectivo.

https://www.youtube.com/watch?v=y1JBc-H7la0

https://vimeo.com/169217609

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Empleo en Andalucía: 10 años donde lo malo ha empeorado

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Leo en “eldiario.es” un artículo que comienza así: “somos menos trabajando y ganamos menos” (https://www.eldiario.es/andalucia/empezado-recuperarse-salarios-combinacion-pensiones_0_769223298.html).

Desde el primer momento se confunde trabajo con empleo, con trabajo asalariado (también paro con desempleo). Incluso en un diario que desea ser feminista y progresista. No obstante, el artículo es muy interesante y completo y paso a analizarlo.

La cantidad

En Andalucía hay menos personas con un empleo y el salario recibido es menor, por lo que las cotizaciones son menores. Aunque parezca que la causa es la crisis, una visión completa indica que en Andalucía el desempleo y la precariedad son características seculares de una economía con una estructura productiva diferente a la del conjunto del Estado. La economía andaluza es eso, andaluza, y tiene muy poco que ver con la catalana, la gallega o la vasca. Por tanto, es preciso analizarla y estudiarla como algo con entidad propia, y no como una «comunidad autónoma» (todo menos autónoma) de un Estado soberano (todo menos soberano) de la Unión Europea (todo menos unión).

Según el informe “Contabilidad Regional Anual de Andalucía”, había 3.111.275 personas con empleo a finales de 2017. En 2007 eran 3.392.220, justo cuando mayor era la cifra. Hasta 2013 se perdieron 664.258 empleos (2.727.962 cotizantes); a partir de 2014 se han recuperado, por tanto, 383.313. Por tanto, tras la supuesta recuperación, aún hay menos personas con empleo en Andalucía que hace diez años.

Y sí, en Andalucía también se ataca a lo público. Al empleo público. Basta con comparar el Boletín Estadístico del Personal al Servicio de las Administraciones Públicas del Ministerio de Hacienda y Función Pública de 2007 con el de 2017. Hace 10 años 487.456 personas tenían un empleo público y ahora son 474.035. Por tanto, en la última década Andalucía ha perdido un total de 13.421. El grueso de ellos, de la Junta de Andalucía (con 10.105 menos), pero también de la Administración General del Estado (AGE), con una reducción de 5.259, y de las administraciones locales (-4.451). Este descenso se ha compensado por el incremento del personal en las universidades, que ha pasado de 18.984 a 25.378.

Mirando sólo los que dependen de la Junta de Andalucía, en 2007 había 250.076 personas con empleo público.  En 2017 han pasado a ser 239.971. Entre los sectores donde se ha reducido aparece la sanidad, donde se han perdido más de 3.000.

La tasa de desempleo (aunque le llamen “paro”, la gran mayoría de las personas sin empleo no están “paradas”) pasó del 16,27% en el primer trimestre de 2008, al 23,09%. La cifra más alta de todo el Estado, como lleva décadas sucediendo. En 2008 era 5.83 puntos superior, mientras en 2018 lo superaba en 7.81 puntos.

Menos de la mitad de la población andaluza tiene un empleo (49,81%), cuando hace una década estaba en el 56,02%. Hoy se cuentan en Andalucía más de  910.300 personas sin empleo (según la EPA, Encuesta de Población Activa; para esta encuesta la gente que realiza trabajos domésticos no es activa). En 2007 ese número era de poco más de 550.000. Los hogares sin ninguna persona con empleo son 308.600 en el segundo trimestre de 2018, mientras en 2008 eran 168.900.

La situación se resume, paradójicamente, por esta frase de un informe de la Confederación de Empresarios del Sur (Cesur): «el 53,2% de la población activa está en una situación de desempleo, subempleo o precariedad en Andalucía, una ‘infrautilización’ de la mano de obra que en el conjunto de España es bastante menor (40,2%).” (Informe Mercado de trabajo en Andalucía 2008-2018). Las personas como recursos utilizables (explotables) están siendo infrautilizadas en Andalucía.

La calidad 

En estos 10 años se ha reducido la cifra de personas con empleo a jornada completa (de 2.849.500 a 2.499.800) y se ha incrementado en la parcial (de 388.200 a 468.000). La tasa de empleo a tiempo parcial ha aumentado del 11,99% a un 15,77%.

Con la generación de empleo en los últimos cuatro años se ha ido incrementando la tasa de temporalidad (porcentaje de personas que tienen un contrato temporal respecto al total). A finales de 2017 esta cifra estaba por encima del 35% (casi 10 puntos más que el conjunto del Estado).

En 2008, el peso de la remuneración de las personas asalariadas en el PIB (producto interior bruto) de Andalucía era de 74.860 millones de euros. Tras finalizar 2017 era de 72.271 millones de euros.

El coste salarial total según datos del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA) ha crecido en Andalucía muy por debajo del PIB y a un ritmo mucho más lento que en el conjunto del Estado, lo que ha agravado la pérdida de poder adquisitivo.

En 2007, el coste salarial total en Andalucía era de 1.571,02 euros mensuales, frente a 1.713.16 de media estatal. En 2017, ha pasado a ser de 1.686,72 euros (frene a los 1.900,10 del conjunto estatal).

Según el  último informe del Mercado de Trabajo y Pensiones en Fuentes Tributarias,  en 2007, en Andalucía, el salario medio anual era de  15.010 euros (18.087 media estatal). Hoy, se cifra en Andalucía es de 14.868 euros (frente a 18.835).

Los convenios colectivos firmados en 2017 en Andalucía fueron 368, para un total de 596.471 trabajadores -la cuarta parte del total-. En los mismos el incremento de sueldos es de 1,46%, frente a una subida del IPC del 2,2%. En el conjunto del Estado, la subida de sueldos pactada en convenios colectivos ha supuesto una media de 1,60%.

Andalucía es la única comunidad autónoma donde la masa salarial es más baja en 2017 que lo que era en 2008. En Andalucía no sólo no ha llegado la recuperación sino que estamos en niveles inferiores a 2008, en concreto 7,07 euros mensuales menos. En gran medida, la causa se encuentra en el modelo productivo de Andalucía, de bajo valor añadido muy centrado en la agricultura y el sector servicios que son dos actividades de fuerte carácter estacional y que conllevan creación de empleo precario, temporal y mal remunerado.

Precisamente los sectores que están aumentado en la última década. El sector que mejor está corrigiendo los datos de los peores años de la crisis es la agricultura. Ya tiene más personas ocupadas que hace 10 años: de los 242.995 de 2007, cerró el pasado año con 272.622 según la primera estimación que también arroja la Contabilidad Regional Anual de Andalucía. Más lentamente, pero también con saldo positivo, el sector con más peso en Andalucía, el de servicios, que ha encadenado en 2017 un quinto año consecutivo de incremento de la cifra y ya son más que hace una década. De este modo, en 2007 eran 2.353.212 los personas ocupadas en el sector servicios en Andalucía, y a cierre de 2017, 2.411.938.

Por tanto, la evolución del modelo productivo andaluz no tiene nada que ver con la industria ni el sector secundario, sino con una mayor especialización en los sectores extractivos. Precisamente aquellos que nos han llevado a la situación en la que nos encontramos.

A todo esto, qué dice la Junta de Andalucía: «se va a mejor ritmo que el conjunto del país». ¿Miopía?, ¿astigmatismo? No, simplemente espurios intereses partidistas.

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¡Cuánta dureza!

La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio se ha puesto seria. La Inspección de Trabajo ha enviado 50.000 cartas a empresas con indicios de fraude laboral. «Si la empresa corrige esa situación, perfecto. Si la mantiene, actuarán los inspectores», apunta el Ministerio.
Por indicios de incumplimiento de la ley cualquiera puede acabar incluso en la cárcel. Si eres empresario y explotas a tus trabajadores no. En este caso se te avisa: no sigas siendo malo que si no vamos a tener que actuar.
Me acuerdo de la dureza similar con la que una consejera de medioambiente de la Junta de Andalucía aleccionaba a empresarios de la aceituna de mesa de Morón. Venga, por favor, no seguir contaminando el río mira que me enfado.
Ennnnn!
En fin, la dureza del PSOE con la clase empresarial.
Dan miedo, pero no precisamente a quienes avisan y le piden dinero, sino a quienes no avisan y le piden el voto.

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Lecturas salmón: el impuesto a la banca

Resulta que las entidades bancarias se quejan al Gobierno del PSOE por quererle poner un impuesto. Todo a pesar de que el primer semestre del 2018 las principales entidades bancarias españolas han visto aumentada su rentabilidad.
Menos el Banco de Sabadell, las otras 6 grandes entidades bancarias españolas han cerrado el segundo semestre con rentabilidades superiores a las que tenían durante el primer semestre del 2018. Y hay 2 entidades financieras (Bankinter y BBVA) que han superado el «coste de capital», es decir, el rendimiento que exige el inversor, que en el sector se sitúa alrededor del 10 por ciento.
La base del juego está en esto último. El Estado, el gobierno, la ciudadanía, puede querer exigir que la banca aporte más. Si ganas más, tributas más. Sin embargo, la ciudadanía debe subordinarse a las exigencias del «inversor», a lo que el capital le exige a estas entidades financieras. Y eso, a día de hoy, se encuentra sobre el 10%. El que pone el dinero quiere llevarse este pastizal. Y claro, si el capital quiere eso, pues no hay dinero para contribuir al sostenimiento de los gastos públicos.
Según este razonamiento, el resto de personas y entidades deberíamos exigir una bajada de impuestos pues estos bancos nos han subido los costes de las comisiones y, claro, nos han empobrecido para ellos aumentar sus rentabilidades.
Esto no pasará. Ni el Gobierno le exigirá mayores impuestos a los bancos ni disminuirá los de las clases sociales sin poder. Porque, aunque el tema sea supuestamente «salmón» o «financiero», al final la cuestión es quién tiene el poder y quién puede ejercerlo; quién manda y quién manda mandar. Esa es la cuestión.

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La trilla

Hoy hemos estado donde nace el solano que llega a Morón. Sí, el solano de mi pueblo nace en El Saucejo. O eso me han dicho. Y si me lo han dicho pues es verdad.
Y es verdad porque me lo han dicho gente sabia. Gente que, en el centro de Andalucía, le llaman «mareas» a las ventoleras que se levantaban para poder ventear el trigo.
Llamar «marea» a algo en el centro de Andalucía es de gente sabia.
Nombrar lo imposible es comenzar a hacerlo posible.
Gente que sabía limpiar el grano del polvo y la paja. Eso era la trilla. Y se hacía cantando, con alegría.
Hoy más que nunca necesitamos buscar lo que no hay, como mareas en el centro de Andalucía; y seleccionar el grano de todas los cosas, con esfuerzo pero con alegría.
Trillar sí es elegir, con ayuda de las «mareas» y cantando, siempre cantando.

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Muy de acuerdo

Con lo que señala Francesca Bría: «necesitamos un salario básico como dividendo de la productividad aumentada por los robots que vuelva a la sociedad responsable de producir colectivamente esa riqueza”.
Y con Ekaitz Cancela cuando dice que necesitamos «una economía social que no esté orientada exclusivamente a crear individuos que nacen y mueren en un mercado de trabajo asentado en la subasta».
Y añade: «Una vez iniciemos ese camino, todo el conocimiento y energía que algunas mentes pensantes liberan en redes de comunicación privadas para criticarse ferozmente por cuestiones internas, tal vez sirva para diseñar nuevas instituciones, e incluso canales de comunicación, que coloquen la tecnología en favor del beneficio común».
Muy de acuerdo.

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La justicia del fullero

Nuestra sociedad es un juego amañado, ruin y mentiroso.
Los inmigrantes «ilegales» llevan camisetas de futbolistas inmigrantes «legales». En París, un inmigrante «legal» es el presidente del club de fútbol más rico. En Qatar obtiene el dinero legalmente para invertirlo en ese juego pornográfico que es el fútbol moderno.
Inmigrantes «legales» besan la camiseta y la bandera del país para el que compiten. Cubanos se hacen españoles para saltar, correr. Juegan a ser patriotas de otra patria que les da de comer y, a cambio, sus no-compatriotas celebran una nueva medalla en el juego del cinismo y la hipocresía.
En el puerto de Cádiz hay un barco atracado de un inmigrante «legal». Cádiz es la «cochera» de un jeque árabe que legalmente saquea su país. El yate se llama «Yas» y tiene 141 metros de eslora. 141 metros de eslora. Es muy grande. Y lujoso. Muy lujoso. Está amarrado a pocos kilómetros de donde personas «ilegales» se juegan la vida con barcas de juguete. Unos se juegan la vida y otros juegan con la vida de los demás.
Y mientras, un nuevo jugador de la política española juega con las palabras y dice que «la ética la marca la ley».
Y un mojón. Sí, un mojón. Esto decíamos en los partidos de fútbol callejero cuando el más listo ponía las leyes y acababa saltándosela por su interés.
Y un mojón a todo lo que está pasando. Es preciso acabar con la justicia del fullero.
A ver cuando pinchamos la pelota. Este juego se debe acabar.

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Unidad y diversidad

El objetivo del capitalismo es la acumulación de capital en manos de cada vez menos manos. Para ello explota a las personas según donde vive, su raza, su poder adquisitivo o género. La fragmentación es una estrategia esencial para el logro de su objetivo.

Por contra, el objetivo esencial del poscapitalismo debe ser, en mi opinión, el reparto. Es muy relevante tener claro ese objetivo común (u otro). A partir de ese momento de la asunción de un objetivo común, se podrá trabajar la unión desde la autonomía de las diversidades existentes. Y es que la diversidad de opresiones requiere de estrategias autónomas que cooperen desde la igualdad contra el poder opresor. El camino es la cooperación desde la autonomía, nunca desde la subordinación de unos grupos oprimidos sobre otros (que se convierten, de este modo, en doblemente oprimidos).

Diferenciemos objetivos de estrategias, asumamos objetivos comunes y estrategias diversas, y el debate sobre la clase servirá para unirnos frente al capital. Y asumamos que ninguna estrategia y lucha es superior a otra. En caso contrario el propio debate estará paradógicamente sirviendo para fragmentar aún más a los diversos grupos oprimidos.